Y de nuevo a lo breve...
Llama la atención por estos días que tan solo una referencia breve, exalta los ánimos de toda una colectividad a la que ahora se le reconoce como Prole. Lo breve es al parecer sinónimo de inmediatez, de conciencia breve, de ira y por supuesto de ataque. Pero en realidad, la inmediatez muchas veces responde a lo inconsciente y el inconsciente muchas veces esconde una verdad.
Llama la atención por estos días que tan solo una referencia breve, exalta los ánimos de toda una colectividad a la que ahora se le reconoce como Prole. Lo breve es al parecer sinónimo de inmediatez, de conciencia breve, de ira y por supuesto de ataque. Pero en realidad, la inmediatez muchas veces responde a lo inconsciente y el inconsciente muchas veces esconde una verdad.
Es como el juego de rápidas respuestas con el que se pretende alcanzar una verdad certera engañando a una persona con preguntas que se suceden rápidamente entre sí. ¿Cuál es tu color favorito? ¿cómo se llama tu papá? ¿cuántos días tiene la semana? ¿cómo llamas a los que desprestigian a tu papá? La velocidad y la facilidad de las preguntas hace que la persona se confíe en su inconsciente para responder, de manera que cuando la pregunta importante cae en ese territorio, pues la verdad sale a flote. Independientemente de quien provenga esta afirmación, su sola enunciación remueve las fibras más sensibles en sociedades, triste y coincidencialmente marcadas por enormes brechas de desigualdad.
La Prole, constituye desde la perspectiva de lo breve, una otredad cochina, sucia y arribista de la que todos quieren huir, buscando, así sea con cuenta gotas, un mínimo reflejo azul en la sangre. Triste ¿o afortunadamente? la economía parece llevar a que ese azul se diluirá cada vez más y serán muy escasos quienes logren conservarlo. La utopía negativa se ha encargado de hacernos más oscuro ese manto escarlata en que se cobijaría la toda la prole. En la novela 1984 de George Orwell, la Prole sufre las mayores vicisitudes a manos de una reducida y déspota clase gobernante, los miembros de esta sociedad son gobernados a través de una pantalla de televisión que determina todos los actos de su vida. Cómo vestir, qué ejercicios hacer, qué comentar y cómo entretenerse ¿sonará esto muy lejano a la realidad actual?
Pero no todo está perdido para la prole, entre toda esa colectividad se esconde el mayor temor del color azul, eso que no es capaz de comprender, ni siquiera nombrar, eso que hace que la prole sea en efecto una otredad inclasificable, la razón. La masa generalizada que constituye la prole, precisamente por hacer parte de una generalización, está llena de individualidades que se enfrentan a ese "deber ser" espontáneo que la tele regidora pretende imponer. Este enfrentamiento solo puede ser auspiciado por la razón, que aunque se le haya intentado narcotizar, de nuevo por la malvada tele, encuentra otros caminos donde despertar y liberarse para hacer luego frente a lo impuesto. Uno de estos canales es precisamente la lectura. La lectura ofrece una apreciación consciente de miles de temas a conocer. El dictado de letras, palabras y páginas, retumba con mucha fortaleza en nuestra mente, liderando en muchos casos batallas entre consciencia e inconsciencia que nos confunden, retan y contradicen, pero que al final, nos educan, nos dan la razón.
En mi caso personal, mi azul se diluyó hace mucho tiempo y prefiero un rojo intenso que refleje el nivel de oxígeno con el que la sangre llega a mi materia gris. En esta confusión de colores, quiero hacer uso de mi individualidad camuflada entre la masa. En este sentido, sí, soy Prole, soy distinto y no puedo ser fácilmente clasificado. No hay tres libros a los cuales responsabilizar por quien soy. Hay cientos, que en épocas distintas me han afectado, o influenciado de manera distinta pero que creo que los he buscado y encontrado de la misma manera en que ellos a mi. Con ellos he aprendido a temer a lo breve que pretende abarcarlo todo, sin decir nada.
La Prole, constituye desde la perspectiva de lo breve, una otredad cochina, sucia y arribista de la que todos quieren huir, buscando, así sea con cuenta gotas, un mínimo reflejo azul en la sangre. Triste ¿o afortunadamente? la economía parece llevar a que ese azul se diluirá cada vez más y serán muy escasos quienes logren conservarlo. La utopía negativa se ha encargado de hacernos más oscuro ese manto escarlata en que se cobijaría la toda la prole. En la novela 1984 de George Orwell, la Prole sufre las mayores vicisitudes a manos de una reducida y déspota clase gobernante, los miembros de esta sociedad son gobernados a través de una pantalla de televisión que determina todos los actos de su vida. Cómo vestir, qué ejercicios hacer, qué comentar y cómo entretenerse ¿sonará esto muy lejano a la realidad actual?
Pero no todo está perdido para la prole, entre toda esa colectividad se esconde el mayor temor del color azul, eso que no es capaz de comprender, ni siquiera nombrar, eso que hace que la prole sea en efecto una otredad inclasificable, la razón. La masa generalizada que constituye la prole, precisamente por hacer parte de una generalización, está llena de individualidades que se enfrentan a ese "deber ser" espontáneo que la tele regidora pretende imponer. Este enfrentamiento solo puede ser auspiciado por la razón, que aunque se le haya intentado narcotizar, de nuevo por la malvada tele, encuentra otros caminos donde despertar y liberarse para hacer luego frente a lo impuesto. Uno de estos canales es precisamente la lectura. La lectura ofrece una apreciación consciente de miles de temas a conocer. El dictado de letras, palabras y páginas, retumba con mucha fortaleza en nuestra mente, liderando en muchos casos batallas entre consciencia e inconsciencia que nos confunden, retan y contradicen, pero que al final, nos educan, nos dan la razón.
En mi caso personal, mi azul se diluyó hace mucho tiempo y prefiero un rojo intenso que refleje el nivel de oxígeno con el que la sangre llega a mi materia gris. En esta confusión de colores, quiero hacer uso de mi individualidad camuflada entre la masa. En este sentido, sí, soy Prole, soy distinto y no puedo ser fácilmente clasificado. No hay tres libros a los cuales responsabilizar por quien soy. Hay cientos, que en épocas distintas me han afectado, o influenciado de manera distinta pero que creo que los he buscado y encontrado de la misma manera en que ellos a mi. Con ellos he aprendido a temer a lo breve que pretende abarcarlo todo, sin decir nada.
La "otredad", eso me gustó, como también me ése último párrafo en verdad me parece de lo más honesto.
ResponderEliminarSe te quiere vario!
Gaby Peregrina