jueves, 26 de enero de 2012

La del pirata cojo

No sé si a todos les pase, pero siempre he tenido la impresión de que es un mal común. Cuando la pubertad nos asalta a los hombres y pasamos a lidiar con un frágil vello sobre la boca y espontáneos falsetos saltan de nuestra cuerdas vocales para derrumbar cualquier discurso que éstemos pronunciando. Justo en ese periodo tan cargado de hormonas traidoras (este tema creo que se llevará mas de un post), nos da por conformar una banda. 

Yo no fui la excepción y con un grupo de amigos (a quienes prefiero no nombrar, por no afectar su destacada vida profesional), conformamos lo que sería en realidad una banda virtual, si virtual, porque jamás ensayamos, jamás compusimos y por supuesto jamás tocamos. Las veces en que los miembros de la banda nos reuníamos terminábamos jugando fútbol, tal era nuestra entrega por la música. Pero no todo era tan malo, había talento, aunque este fuera límitado a tocar los primeros acordes de "Under the Bridge", cantar en una armonía agradable "Lamento Boliviano" o saberse la percusión de "We will Rock You". La banda se conformó con intención de reunir este talento de 5 amigos que... seamos sinceros, nos reunimos por todo lo que una banda significa: alcohol, viejas, y fama. Queríamos ser populares, queríamos ser interesantes, queríamos ser atractivos, todo lo que una banda te puede traer. Ello era en esencia lo que Berurbara mencionó en su blog, el deseado efecto tarima. Ese deseado resultado de transformación de pubéricos jóvenes ignorados a sex simbols del bachillerato. Pero toda banda necesita un nombre, una manera de identificarse que sirva de preambulo a lo que ésta tiene para ofrecer, el nuestro por lo tanto no podía ser tomado a la ligera.

El tema de los nombres de las bandas siempre termina siendo un punto determinante en el impacto cultural y social que estas ejercen. Desde los Beatles donde una a en cambio de una e, significó una ocurrencia vigente hasta el día de hoy; son varios los ejemplos de bandas determinantemente influenciadas por su nombre, Green Day, toma su nombre a partir de la experiencia de ver todo verde en un día en que uno de sus miembros experimentó con exceso a María; Café Tacvba lo hace en mención a  un café sobre la calle de Tacuba en el Distrito Federal; Nine Inch Nails toma su nombre de la imagen simétrica que forman sus siglas; Daft Punk originalmente se llamaba Darlin', pero una crítica negativa hacia la banda describió su estilo como un Punk tonto, Daft Punk en inglés, el nombre le gustó a sus integrantes y así lo siguieron usando; Metallica era el nombre que se le iba a dar a una revista del género, pero Lars Ulrich (baterista de la banda) participó en la edición de la misma y decidió quedarse con el nombre para su banda; y para no hacer la lista más larga, The Doors, toman su nombre de una frase del Poeta William Blake:

... Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito

Así el nombre de una banda es esencial para su existencia. Yo, que fui el encargado de bautizar la mia, no podía restarle importancia a esta tarea, así que pensé en un nombre que fuera realmente impactante. Tal fue mi motivación por encontrarlo que así llamé la bada: Impacto. Pero la sola palabra se me hacía insuficiente para reflejar las virtudes de nuestra música así que durante alguna conversación en el bus del colegio con un amigo (de quien tampoco diré el nombre por obvias razones), se me ocurrió algo tan trascendental como el subíndice: La última nota. El nombre, que en realidad parecía más el de una orquesta de salsa, pegó entre los miembros. Yo he de confesar que para entonces estaba fascinado con semejante sentencia y la exploté hasta donde pude con camisetas, afiches y todo tipo de chucherías alusivas a la banda. Al final teníamos todo el marketing y nada de música. Como era de esperarse, la banda se diluyó en la transición del sexto al séptimo grado y hoy con vergüenza recuerdo mi etapa creativa donde no solo esta la responsabilidad por tan espantoso nombre, sino también las letras de una canción que se llamaría Wrong. Lo crean o no, resultó ligeramente similar a la canción de Depeche Mode, con la salvedad de que esta última era infinitamente mejor.

De manera que dándole relevancia al título de esta entrada, hoy puedo confesar que aún habita en mi el deseo por llevar una vida paralela donde efectívamente sea un rockstar. Vamos, Sabina lo dice muy bien en aquella canción, sale gratis soñar, así que la fantasía que yo elijo es la de rockstar. Ser un talento descubierto desde muy pronto con una capacidad de tocar la guitarra increíblemente, ser el tipo con el que todas las niñas guapas del colegio quieren salir, no tener una novia, sino miles y en cierta forma recrear la fantasía de Bart Simpson de un rockstar tirado en un baño de hotel intentando sobrevivir una sobredosis... !Genial¡ Y para superar el trauma que me representa mi anterior bautizo, he pensado en nuevos nombres para mi inexistente banda:

Teleprompter Typo y Strip Club Priests


Si alguna vez, ven a otros usándolos, recuerden: ¡Yo los dije primero!

   
   


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