jueves, 31 de marzo de 2011

¿Desastre Nuclear?


Suena fascinante, la idea de que tan solo con unir dos átomos sea liberada una enorme cantidad de energía, siempre será un tema que invita a pensar en el desarrollo científico alcanzado por la humanidad. Pero de la misma manera en que el tema nuclear puede presentarse como fascinante, él mismo trae de la mano una fuerte polémica por el riesgo que significa su uso como fuente de energía. Ahora, el tema de esta entrada no es precisamente la participación en el debate por la fuente de energía ideal. Ni mucho menos, esta vez, el uso que quiero hacer de la energía nuclear desde su importancia visual. Sí, visual.

En la década de los ochenta se hizo muy popular una fotografía inglesa donde aparecía una pareja esquiando con dos reactores nucleares de fondo. Naturalmente, los deportistas esquiaban sonrientemente tras sus enormes lentes protectores. Era un día soleado con un cielo inmensamente azul, atravesado únicamente por el vapor de los reactores. La imagen fue utilizada para respaldar el uso de este tipo de energía en el país británico. Sin embargo, la opinión pública fue cediendo poco a poco en la visión negativa que este tipo de energía podía generar. Gran parte de este temor provenía de la enorme paradoja que suponía aceptar una energía que se dio a conocer en el mundo borrando a dos ciudades enteras por medio de una bomba. Era como si el mal ahora sirviera para el bien... Los conocidos efectos de la radiación tras la caída de Little Boy y Fat Man, como fueron llamadas cariñosamente las bombas, sirvieron para atormentar a toda una generación que veía el desastre natural tan próximo como la llegada de la noche. Y así la cotidianidad empezó a conocer manifestaciones de este temor. En el cine, la música, la literatura, en cualquier manifestación humana era posible encontrar un elemento que invocara el desastre nuclear (como olvidar el famosísimo Pa, pa, pa de Los Prisioneros). Son miles de ejemplos de como este envenenamiento radioactivo era interpretado en nuestra cultura, desde el pez de tres ojos de Los Simpsons, la mutación de un lagarto para convertirse en un enorme monstruo con la firme intención de acabar con Japón. Lo que en la vida real por poco hace un tsunami y de nuevo: la radiación. Hasta las miles de producciones en que el holocausto, producido ya fuera por una bomba o una falla de una planta de energía, traía al mundo a seres calvos y agónicos o mutantes con poderes increíbles. Para tener una dimensión de esto invito a leer el blog: radiationcinema.com para ofrecer una idea de la dimensión que ha alcanzado esta cultura radioactiva.

Ahora, de las miles de películas que he visto sobre el tema, así como la enorme cantidad de imágenes y canciones que han hecho parte de mi cotidianidad (sin contar los capítulos de Los Simpsons relacionados que ya mencioné), me quedo con una película que hasta ahora se lleva el premio: Teeth de Mitchell Lichtenstein. Donde la protagonista, una fervorosa cristiana que crece en una ciudad al lado de una planta nuclear, nace con una vagina dentata, la cual, de acuerdo a varios mitos y leyendas sugiere que como forma de defensa, la mujer desarrolla una dentadura en su vagina. Ésta dentadura debe ser destrozada por un valiente héroe, para convertir en quien la posee en mujer. Y vaya que debe ser valiente.

La película se refiere al mito más de manera alegórica y de hecho esta llena de hermosas alegorías y símbolos; como la hendidura de un árbol por el que pasan los protagonistas, la gruta donde ella pierde su virginidad y su novio el... bueno ya entienden. Pero regresando al tema de las imágenes, visualmente la película es excelente. Dawn la protagonista, tiene una cara de niña ingenua y pura que esconde perfectamente su terrorífico secreto. Progresivamente Dawn comprende que hay algo distinto en ella y los cambios que las hormonas y la edad traen consigo, la hacen enfrentarse a un modo de vida desconocido. Regresando al mito, el mundo actual parece haber olvidado al amor, así que el héroe que habrá de vencer su temible interior, es en realidad un antihéroe que para lograr acostarse con ella debe sedarla y excitarla, así que cuando Dawn se da cuenta del engaño pues... digamos que cobra justa venganza. Así la vagina dentata pasa de ser un mecanismo de defensa para convertirse en un medio de ataque, Dawn ahora personifica el cambio de la mujer de sexo débil a sexo ¿fuerte?

Así que recomiendo sin dudas esta película que sin descuidar detalle visual usó para su difusión entre otras imágenes, el afiche, que antecede este post.

lunes, 28 de marzo de 2011

In beats we trust

Sucedió una calurosa tarde de Cali, con el termómetro del jeep destartalado oscilando entre 40 y 39 grados centígrados, taxistas intimidantes y toda la fauna de inimputables conductores al acecho; mi papá y yo viajábamos hacia el sur de la ciudad. En medio de ese infierno en vida, buscábamos refugio en la distorsionada sintonización de un radio Kenwood que hoy bien podría llamarse vintage. Saltando de emisora en emisora, con una gota de sudor recorriéndome la frente aconteció el milagro: La canción Sunshine Reggae de Bob Marley comenzó a sonar con una, tal vez sugestionada, armonía y lentamente la ira contenida y el desespero ante nuestra patética situación dentro de un carro sin aire acondicionado, comenzó a disiparse. El mundo entero comenzó a perder poco a poco importancia y en el pecho se sentía un refrescante respiro que disminuía el ritmo cardiaco, liberaba endorfinas, aumentaba la generación de glóbulos rojos y dilataba las pupilas. En otras palabras, estábamos en un pase musical.

Partiendo de la mención homónima a un excelente disco de Sidestepper, creo necesario destacar este prodigio como exaltación de lo que la música produce en todos nosotros. Fuera de su conocida propiedad para calmar las bestias, la música en efecto provoca distintos efectos en los seres vivos que realmente alteran nuestras vidas para bien o para mal. Digo seres vivos porque la influencia armónica trasciende al humano y se manifiesta tanto en seres vertebrados como invertebrados. Hace mucho tiempo recuerdo leer un artículo de una revista para aprender inglés llamada Streetwise, donde señalaban las propiedades sanadoras de la música y como ejemplo aparecía el caso de alguna joven con preferencias musicales inclinadas hacia el Heavy Metal, quien tras un accidente, tuvo que pasar un tiempo en el hospital recuperándose. El caso es que aún contra su voluntad, su tratamiento incluyó sesiones de música en las cuales se destacaban interpretaciones de Mozart, Brahms y Beethoven. El resultado: La joven logró salir rápidamente de sus dolencias y regresar a su rutina normal de vida, en la cual, no dudo, volvieron a reinar las notas de Slayer, Pantera (A quien me referiré más adelante) y ¿por qué no? Metallica en sus buenos años.
El artículo mencionaba también como en un ejercicio opuesto fueron probadas algunas plantas a las cuales se les puso como música de fondo lo que la revista llamaba "música pesada", el obvio resultado: las plantas se marchitaron y en el mejor de los casos se tornaron negras, al mejor estilo de su nueva forma gótica de vida. Lejos de querer entrar en una posición sobre los beneficios o perjuicios de cualquier género musical, mucho menos salirme con la horrorosa posición de "entre gustos no hay disgustos" (nada más falso que esto) considero que es bastante valioso el aporte que la altura, el ritmo y dinámica producen. En el documental de Michael Moore Farenheit 911, comenta uno de los soldados entrevistados como antes de entrar en combate en sus cascos suenan canciones pesadas que los terminan "cargando" de energía para iniciar su operación. ¿Podría esto ser reprochable si por alguna coincidencia supiéramos que al conjunto español actual campeón del mundo, también recibiera está "carga" musical? La idea no suena tan ridícula cuando vemos Invictus donde se menciona un ejemplo similar. Sin lugar a discusión, de la infinidad de variables que podemos encontrar en la música, sus efectos tranquilizantes o excitantes son también infinitos. El cine es un gran escenario donde lo anterior se manifiesta, la música termina dando el tono definitivo que la trama necesita y orienta en gran medida la apreciación del espectador para el argumento. En mi caso personal, y muy en la postura de admiración que mantengo por la música y por obvia relación, a sus interpretes, destaco en esta entrada esa "carga", que termina cambiando nuestra actitud y emociones de manera casi mágica.

En palabras científicas, el placer que se produce al escuchar determinada música, es producto del aumento en los niveles de Dopamina que aumentan en el cerebro. Curiosamente, la Dopamina es un neurotransmisor que también se libera ante la experiencia de otros placeres como son la alimentación, el sexo y el consumo de drogas, esto de acuerdo a la revista científica Nature Neuroscience. Lo curioso es que la revista también menciona que en el momento más intenso de la melodía, los índices de incremento de la Dopamina son asociados con los niveles de euforia que produce el consumo de cocaína, de manera que la experiencia en el jeep con mi papá efectivamente fue un pase musical. Quien no ha experimentado esa sensación de euforia en medio de una canción que realmente le gusta. De esta manera creo que podemos apreciar la música con la plena conciencia de lo que ella puede hacer por nosotros. No en vano, muchas manifestaciones sociales e históricas fueron motivados por ella, no está de más recordar Woodstock, donde el lugar ocupado por más de 300.000 personas para disfrutar de la onda sexo, drógas y rock & roll terminará siendo concebido como un "estado de la mente".

A manera de Addenda: Nuestra generación está atravesada por una constante estimulación visual y sonora lo que a mi parecer se ha derivado en que casi todos seamos directores de cine o músicos frustrados. En mi caso me inclino por la dirección cinematográfica y en alguna experiencia musical, para mi sublime, pude sentir como A Warm Place de Nine Inch Nails, podía ser una preciosa banda sonora si llevara El Aleph de Borges al cine. Esa vez, que tantas veces he tratado de emular, pude realmente sentir como el personaje de Borges en el cuento realmente sentía la compenetración de todo el universo en un solo punto. Como veía todos los eventos que en el se desarrollaban y como la vida entera fluía en el. Bueno, esto solo a manera de comentario personal