
Suena fascinante, la idea de que tan solo con unir dos átomos sea liberada una enorme cantidad de energía, siempre será un tema que invita a pensar en el desarrollo científico alcanzado por la humanidad. Pero de la misma manera en que el tema nuclear puede presentarse como fascinante, él mismo trae de la mano una fuerte polémica por el riesgo que significa su uso como fuente de energía. Ahora, el tema de esta entrada no es precisamente la participación en el debate por la fuente de energía ideal. Ni mucho menos, esta vez, el uso que quiero hacer de la energía nuclear desde su importancia visual. Sí, visual.
En la década de los ochenta se hizo muy popular una fotografía inglesa donde aparecía una pareja esquiando con dos reactores nucleares de fondo. Naturalmente, los deportistas esquiaban sonrientemente tras sus enormes lentes protectores. Era un día soleado con un cielo inmensamente azul, atravesado únicamente por el vapor de los reactores. La imagen fue utilizada para respaldar el uso de este tipo de energía en el país británico. Sin embargo, la opinión pública fue cediendo poco a poco en la visión negativa que este tipo de energía podía generar. Gran parte de este temor provenía de la enorme paradoja que suponía aceptar una energía que se dio a conocer en el mundo borrando a dos ciudades enteras por medio de una bomba. Era como si el mal ahora sirviera para el bien... Los conocidos efectos de la radiación tras la caída de Little Boy y Fat Man, como fueron llamadas cariñosamente las bombas, sirvieron para atormentar a toda una generación que veía el desastre natural tan próximo como la llegada de la noche. Y así la cotidianidad empezó a conocer manifestaciones de este temor. En el cine, la música, la literatura, en cualquier manifestación humana era posible encontrar un elemento que invocara el desastre nuclear (como olvidar el famosísimo Pa, pa, pa de Los Prisioneros). Son miles de ejemplos de como este envenenamiento radioactivo era interpretado en nuestra cultura, desde el pez de tres ojos de Los Simpsons, la mutación de un lagarto para convertirse en un enorme monstruo con la firme intención de acabar con Japón. Lo que en la vida real por poco hace un tsunami y de nuevo: la radiación. Hasta las miles de producciones en que el holocausto, producido ya fuera por una bomba o una falla de una planta de energía, traía al mundo a seres calvos y agónicos o mutantes con poderes increíbles. Para tener una dimensión de esto invito a leer el blog: radiationcinema.com para ofrecer una idea de la dimensión que ha alcanzado esta cultura radioactiva.
Ahora, de las miles de películas que he visto sobre el tema, así como la enorme cantidad de imágenes y canciones que han hecho parte de mi cotidianidad (sin contar los capítulos de Los Simpsons relacionados que ya mencioné), me quedo con una película que hasta ahora se lleva el premio: Teeth de Mitchell Lichtenstein. Donde la protagonista, una fervorosa cristiana que crece en una ciudad al lado de una planta nuclear, nace con una vagina dentata, la cual, de acuerdo a varios mitos y leyendas sugiere que como forma de defensa, la mujer desarrolla una dentadura en su vagina. Ésta dentadura debe ser destrozada por un valiente héroe, para convertir en quien la posee en mujer. Y vaya que debe ser valiente.
La película se refiere al mito más de manera alegórica y de hecho esta llena de hermosas alegorías y símbolos; como la hendidura de un árbol por el que pasan los protagonistas, la gruta donde ella pierde su virginidad y su novio el... bueno ya entienden. Pero regresando al tema de las imágenes, visualmente la película es excelente. Dawn la protagonista, tiene una cara de niña ingenua y pura que esconde perfectamente su terrorífico secreto. Progresivamente Dawn comprende que hay algo distinto en ella y los cambios que las hormonas y la edad traen consigo, la hacen enfrentarse a un modo de vida desconocido. Regresando al mito, el mundo actual parece haber olvidado al amor, así que el héroe que habrá de vencer su temible interior, es en realidad un antihéroe que para lograr acostarse con ella debe sedarla y excitarla, así que cuando Dawn se da cuenta del engaño pues... digamos que cobra justa venganza. Así la vagina dentata pasa de ser un mecanismo de defensa para convertirse en un medio de ataque, Dawn ahora personifica el cambio de la mujer de sexo débil a sexo ¿fuerte?
Así que recomiendo sin dudas esta película que sin descuidar detalle visual usó para su difusión entre otras imágenes, el afiche, que antecede este post.
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