lunes, 28 de marzo de 2011

In beats we trust

Sucedió una calurosa tarde de Cali, con el termómetro del jeep destartalado oscilando entre 40 y 39 grados centígrados, taxistas intimidantes y toda la fauna de inimputables conductores al acecho; mi papá y yo viajábamos hacia el sur de la ciudad. En medio de ese infierno en vida, buscábamos refugio en la distorsionada sintonización de un radio Kenwood que hoy bien podría llamarse vintage. Saltando de emisora en emisora, con una gota de sudor recorriéndome la frente aconteció el milagro: La canción Sunshine Reggae de Bob Marley comenzó a sonar con una, tal vez sugestionada, armonía y lentamente la ira contenida y el desespero ante nuestra patética situación dentro de un carro sin aire acondicionado, comenzó a disiparse. El mundo entero comenzó a perder poco a poco importancia y en el pecho se sentía un refrescante respiro que disminuía el ritmo cardiaco, liberaba endorfinas, aumentaba la generación de glóbulos rojos y dilataba las pupilas. En otras palabras, estábamos en un pase musical.

Partiendo de la mención homónima a un excelente disco de Sidestepper, creo necesario destacar este prodigio como exaltación de lo que la música produce en todos nosotros. Fuera de su conocida propiedad para calmar las bestias, la música en efecto provoca distintos efectos en los seres vivos que realmente alteran nuestras vidas para bien o para mal. Digo seres vivos porque la influencia armónica trasciende al humano y se manifiesta tanto en seres vertebrados como invertebrados. Hace mucho tiempo recuerdo leer un artículo de una revista para aprender inglés llamada Streetwise, donde señalaban las propiedades sanadoras de la música y como ejemplo aparecía el caso de alguna joven con preferencias musicales inclinadas hacia el Heavy Metal, quien tras un accidente, tuvo que pasar un tiempo en el hospital recuperándose. El caso es que aún contra su voluntad, su tratamiento incluyó sesiones de música en las cuales se destacaban interpretaciones de Mozart, Brahms y Beethoven. El resultado: La joven logró salir rápidamente de sus dolencias y regresar a su rutina normal de vida, en la cual, no dudo, volvieron a reinar las notas de Slayer, Pantera (A quien me referiré más adelante) y ¿por qué no? Metallica en sus buenos años.
El artículo mencionaba también como en un ejercicio opuesto fueron probadas algunas plantas a las cuales se les puso como música de fondo lo que la revista llamaba "música pesada", el obvio resultado: las plantas se marchitaron y en el mejor de los casos se tornaron negras, al mejor estilo de su nueva forma gótica de vida. Lejos de querer entrar en una posición sobre los beneficios o perjuicios de cualquier género musical, mucho menos salirme con la horrorosa posición de "entre gustos no hay disgustos" (nada más falso que esto) considero que es bastante valioso el aporte que la altura, el ritmo y dinámica producen. En el documental de Michael Moore Farenheit 911, comenta uno de los soldados entrevistados como antes de entrar en combate en sus cascos suenan canciones pesadas que los terminan "cargando" de energía para iniciar su operación. ¿Podría esto ser reprochable si por alguna coincidencia supiéramos que al conjunto español actual campeón del mundo, también recibiera está "carga" musical? La idea no suena tan ridícula cuando vemos Invictus donde se menciona un ejemplo similar. Sin lugar a discusión, de la infinidad de variables que podemos encontrar en la música, sus efectos tranquilizantes o excitantes son también infinitos. El cine es un gran escenario donde lo anterior se manifiesta, la música termina dando el tono definitivo que la trama necesita y orienta en gran medida la apreciación del espectador para el argumento. En mi caso personal, y muy en la postura de admiración que mantengo por la música y por obvia relación, a sus interpretes, destaco en esta entrada esa "carga", que termina cambiando nuestra actitud y emociones de manera casi mágica.

En palabras científicas, el placer que se produce al escuchar determinada música, es producto del aumento en los niveles de Dopamina que aumentan en el cerebro. Curiosamente, la Dopamina es un neurotransmisor que también se libera ante la experiencia de otros placeres como son la alimentación, el sexo y el consumo de drogas, esto de acuerdo a la revista científica Nature Neuroscience. Lo curioso es que la revista también menciona que en el momento más intenso de la melodía, los índices de incremento de la Dopamina son asociados con los niveles de euforia que produce el consumo de cocaína, de manera que la experiencia en el jeep con mi papá efectivamente fue un pase musical. Quien no ha experimentado esa sensación de euforia en medio de una canción que realmente le gusta. De esta manera creo que podemos apreciar la música con la plena conciencia de lo que ella puede hacer por nosotros. No en vano, muchas manifestaciones sociales e históricas fueron motivados por ella, no está de más recordar Woodstock, donde el lugar ocupado por más de 300.000 personas para disfrutar de la onda sexo, drógas y rock & roll terminará siendo concebido como un "estado de la mente".

A manera de Addenda: Nuestra generación está atravesada por una constante estimulación visual y sonora lo que a mi parecer se ha derivado en que casi todos seamos directores de cine o músicos frustrados. En mi caso me inclino por la dirección cinematográfica y en alguna experiencia musical, para mi sublime, pude sentir como A Warm Place de Nine Inch Nails, podía ser una preciosa banda sonora si llevara El Aleph de Borges al cine. Esa vez, que tantas veces he tratado de emular, pude realmente sentir como el personaje de Borges en el cuento realmente sentía la compenetración de todo el universo en un solo punto. Como veía todos los eventos que en el se desarrollaban y como la vida entera fluía en el. Bueno, esto solo a manera de comentario personal

No hay comentarios:

Publicar un comentario