En el año de 2006, con motivo del mundial de Alemania, la revista colombiana Soho editó un especial dedicado exclusivamente al fútbol. Entre los distintos temas ofrecidos destacaban dos secciones bastante interesantes, la primera llamada adecuadamente: Lo que el fútbol me enseñó... En ella había textos del difunto Fontanarrosa con: Lo que el Fútbol me enseñó de la vida; Mempo Giardinelli aplicaba una formula similar para comentar lo que el fútbol le había enseñado de la amistad (Personalmente, mi columna favorita); Santiago Segurola en relación a la derrota; Mario Kempes en relación al mundo y Roberto Rivelino en relación a la física. La segunda sección se trataba de relatos con historias de escritores reconocidos hablando simplemente de su experiencia con el Fútbol.
Con la intención de aprovechar esa experiencia de relatar episodios antiguos relativos al fútbol he querido hoy relatar, en mi fuero personal, el momento más especial que tuve con el deporte rey: Mi primer Gol.
Mi amor por el fútbol comenzó desde muy niño, siguiendo las lecciones afectivas de mi papá, me hice hincha del Deportivo Cali (Historia que merece un post aparte, así Ana Isabel crea que lo debo superar). Pero realmente el punto decisivo en que me enamoré del deporte fue con el mundial de Italia 90. Ver toda la parafernalia alrededor del evento, la intensidad que envolvía cada partido y el orgullo patriota de ver a tu selección nacional enfrentando a países enormes y haciendo goles, encendieron en mí esa fuerte pasión por el deporte. Pero la realidad distaba mucho de las imágenes apoteósicas proyectadas por la Tele y así yo pasara horas y horas oyendo la canción del mundial y jugando en cada momento al fútbol (ya fuera del normal o con papeles hechos bola, con canicas en los dedos o con mi equipo sin uniforme de G.I. Joes ), yo era un mal jugador.
Por esta razón, ese primer gol soñado tardó un poco en llegar. De todas formas lo recuerdo perfectamente bien, era un día calurosamente normal en Cali, yo cursaba segundo de primaria y eso significaba que quienes estábamos en ese año teníamos el privilegio de jugar en la mejor cancha propia que había en la primaria. Un terreno amplio y con suficiente pasto para jugar. Las bandas eran marcadas por suingleas y las porterías eran de piedras con una malla metálica al este y el infinito al oeste. La importancia de la cancha era tal que eventualmente se jugaban partidos internacionales con los años de tercero o primero de primaria en ese lugar donde nosotros jugábamos de locales hasta que finalizara el año. La pasión futbolera nos tenía tan inmersos a todos, que en ese patio se jugaron partidos entre los tres salones (A, B y C, yo era del C), con compras de jugadores estrella de otros equipos, tarjetas e incluso alguna vez los del A se mandaron a hacer un uniforme especial que creo que solo usaron una vez contra nosotros los del C, en un partido que terminó empatado a ceros después de una verdadera batalla.
Pero ahora regreso a esa calurosa mañana, recuerdo que el partido iba empatado a no sé cuantos goles, (por lo general eran goleadas increíbles de 7-8 u 11-13). La jugada comenzó con un tiro flojo de Cordoba, que se le resbaló a Pineda de las manos. La pelota se fue al tiro de esquina y nuestra estrella Cardona se dirigió a cobrarlo. El punto del corner se cobraba desde una plancha de lozas verdes que permitía levantar el balón más fácilmente buscando cabezas valientes que se animaran a golpear el balón. Cardona cobró y Garcerant le pegó con la rodilla pero Pineda de nuevo la envió al corner. Desde ahí recuerdo todo en cámara lenta, Cardona levanta ese balón parsimonioso, lo veo despegar, hacer ese pequeño globo y casi girar sobre su mismo eje, su blanco desteñido y rombos rojizos se acercaron lentamente hacia mi y recuerdo pensar: No puedo creerlo, este va a ser mi gol. Cerré los ojos y giré la cabeza al sentir el dolor sobre mi frente. Por un momento todo se quedó a oscuras y en silencio, como en un limbo del cual no quería salir para no encontrarme con una decepción de las manos de Pineda o de mi falta de puntería. Todo esto en una fracción de segundo, luego el limbo se diluyó al abrir mis ojos y vi como mis compañeros gritaban emocionados y la pelota reposaba del otro lado de la línea de gol.
Aun hoy hay quienes dicen que fue un golpe de suerte, que yo me asusté y cerré mis ojos y la pelota solo rebotó con suerte en la dirección a la portería. La verdad no me importa, dudo mucho que hasta el día de hoy haya quienes recuerden ese gol con la precisión que yo lo hago, con la importancia que tuvo ese momento para mi, en una cancha de terreno desigual y líneas invisibles, pero que yo veía como el estadio mas importante del mundo así que grité, lloré y celebré como loco ese, mi primer gol, el legitimo triunfo de mi tan reprimida pasión.
Jajaja! Excelente relato... yo me acuerdo que el mío fue en primero pero mi memoria no guarda nunca tanto detalle... y de nada no! pues si con ese rodillazo no la mando al tiro de esquina no hubiera llegado tu primer gol jejeje. Un abrazo mi hermano. att: Garcerant
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