Somos prisioneros del círculo. Uno cree haberse evadido del tenaz acero y
camina, suelto al fin, un poco extraño en su albedrío, y siente que lo hace como
en el aire. Le falta un asidero, el suelo de todos los días. Y el asidero es, de
nuevo, la clausura.
ÓSCAR CERRUTO, El círculo
Paradójicamente la realidad humana gira entorno precisamente dentro de la concepción de un círculo, desde la misma explicación del tiempo hasta el funcionamiento de un reloj. La rueda primitiva que de las cavernas rodó, hizo girar el piñón que dio impulso a la revolución industrial y hoy se hace presente en miles de manifestaciones complejas o sencillas que hacen parte de esta misma realidad. La matemática ha considerado como uno de sus imposibles plantear la cuadratura del circulo, si bien este podría ser geométricamente definido como la línea en la cual todos sus puntos se encuentran a la misma distancia de un centro común, la expresión o manifestación cuadrática del mismo resulta imposible pues tal secuencia de puntos es infinita, ni siquiera la geometría euclidiana ha logrado tal fin.
Cuenta la leyenda que el papa Bonifacio VIII, queríendo comprobar las habilidades artísiticas del pintor Giotto para encargarle algunos trabajos en Roma, envió a un mensajero con el fin de obtener algunas muestras de su arte. Ante la solicitud del Papa, Giotto tomó un lienzo blanco, hundió su pincel en pintura roja y, con un solo trazo continuo, dibujó a mano alzada un círculo geométricamente perfecto. El trabajo fue más que suficiente para que el Papa comprobara las habilidades del pintor, tan solo con un círculo. Y es que precisamente pese a su aparente sencillez, el circulo contiene dentro de si un elemento fantástico, el cual consiste en poder expresar, por si mismo el infinito. Sin un inicio ni final claros el círculo es siempre una constante por medio de la cual se puede expresar el tiempo, el funcionamiento del universo y la simple y cotidiana vida humana.
La mitología Maya explicaba la historia del tiempo y el universo con la figura de una serpiente mordiéndose la cola con la forma de un circulo, incluso una de las teorías actuales del universo plantea la posibilidad de que este luego de alcanzar un nivel determinado de expansión sufrirá una implosión consecuente a la explosión original devolviendo este a su punto de inicio, como en un circulo.
La literatura se ha encargado de representar la existencia de este vínculo, Milan Kundera en su obra más reconocida “La insoportable levedad del ser”, hace mención del concepto del eterno retorno de Nietzsche, el cual plantea que una vida que desparece, no lo hace para siempre, el mundo y la vida, se repite a sí mismo, extinguiéndose para luego volver a crearse. Es por medio de la conflagración que el mundo regresa a su origen, donde todo arde en fuego. Una vez quemado, se reconstruía para que los mismos actos ocurran una vez más en él. En un mar de repeticiones infinitas, la vida de Tomás y Teresa se repetiría en un decepcionante e inevitable círculo, donde la única certeza es la liviandad. Sin embargo, no significa que no deba ser vivida y esta es la paradójica circunstancia con la que se encuentra Tomás al final de su vida. Si habrá de repetirse una y mil veces más nuestra pequeña historia de aciertos y desaciertos, de lágrimas y risas, vivámosla de tal forma que merezca la pena ser repetida.
Carlos Fuentes en su novela “Aura” maneja otra aplicación del círculo en la literatura y se da en la relación necesaria de una pareja para, por medio de hechizos y sortilegios, dar vida a una formá fantástica de vida. Consuelo necesita al General Llorente para dar vida a Aura, sin él, o sin la persona que tome su lugar, el círculo no se cierra y la vida de Aura esta condenada a desaparecer. La novela plantea una bella comprensión de la vida al presentar por medio de distintos personajes la persistencia de la vida. Los personajes pueden mutar, cambiar de nombre, de fisonomía y de edad, pero su reunión siempre tendrá como resultado final a Aura, la vida. El círculo entonces se cierra con el encuentro de este hombre y esta mujer que son los encargados de hacerlo girar eternamente, estableciendo una única verdad absoluta.
Así que el círculo en nuestra comprensión fantástica de la existencia se nos ofrece como una manifestación de la vida, continua, cíclica pero eterna. El círculo es también para el hombre la manera en que logra comprender la inevitable conjunción de lo finito y lo infinito, en el se expresa la dualidad corporal y metafísica del hombre. Es por medio de algo tan sencillo como un dibujo rojo sobre un lienzo blanco que logra, cuando menos, aceptar, algo tan complejo como la eternidad.
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