viernes, 15 de julio de 2011

Funnier than fiction: El pescador más desafortunado del mundo

El cuento ya es algo viejo pero de alguna manera suele reaparecer en conversaciones de café o reuniones sociales, donde siempre se roba un par de risas o gestos de sorpresa. La historia va así: Un señor ha mantenido, a lo largo de toda su vida, el sueño de retirarse, para irse a vivir de sus ahorros y la pesca. Es fácil imaginarlo, un señor de mediana edad con signos claros de sobrepeso, sentado en medio de un cubiculo de paredes azules, rodeado de torres de papel con la única decoración al lado de su computadora/maquina de escribir una foto suya sosteniendo un mediano pez de lago.

El original infeliz llega finalmente a su tan anhelado día final de trabajo. La jornada transcurre entre abrazos, lágrimas y poco trabajo. Se va, dejando tras de sí un escritorio finalmente organizado con asuntos que jamás se resolverán y carpetas a medio llenar. En los días que siguen esa última jornada, se ha ocupado de cerrar su anterior departamento, vendido todo aquello sujeto a una apreciación económica y regalado todo lo demás. Se dirige entonces a un pueblo pequeño a orillas del Amazonas. Monta nueva casa, presume sus nuevos instrumentos de pesca y contrasta finalmente con su out-fit de pescador en un pueblo de pescadores que no lucen en nada parecidos a él.

Casi se puede ver caminando con sus botas de caucho entre ciénagas, siguiendo a un guía casi desnudo mientras el lleva ropas que solo lo hacen sudar. Señalan un sitio, sí aquel que de acuerdo a su pregunta es el mejor para pescar. El recién llegado pescador organiza su equipo en medio de un claro y luego le pide a su guía que lo deje solo. Saca carnada, caña y anzuelos y felizmente prepara su primer intento de pesca de la mañana. Cuando esta todo listo, busca el mejor lugar para lanzar el anzuelo: Con un fuerte impulso lleva su caña hacia atrás y el anzuelo vuela hasta quedarse incrustado en un panal de abejas. Con el gesto de látigo de su brazo, el panal vuela por los aires para ir a caer a su lado. Enormes abejas africanas atacan ahora enfurecidas al pobre pescador. Él, alérgico y aterrorizado no encuentra refugio del sorpresivo ataque y no encuentra refugio salvo en las aguas del rio. Ahí en el agua es devorado por pirañas que por intermedio de un panal volador han pasado de ser presas a predadoras.

Citando a Les Luthiers: Esto no es solo cierto, sino que además es verídico

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