Hablar de fe en nuestra cultura implica enfrentar las dos opciones más simples y a la vez complejas de la vida: el bien y el mal. Lo que en muchos casos suele ser confundido con el "débil" y lo "fuerte" del ying y el yang, es una expresión de dos fuerzas que se enfrentan constantemente en nuestro interior, inclinándonos a escoger una u otra que, según la fe que se profese o la cultura en que se viva, pueden ser para bien o para mal. Este enfrentamiento recibe el nombre de Dualismo el cual Wikipidea definiría como: la doctrina que afirma la existencia de dos principios supremos, increados, contornos, independientes, irreductibles y antagónicos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción se explica el origen y evolución del mundo.
En caso concreto el enfrentamiento entre el bien y el mal que lo define todo. Pero este enfrentamiento trasciende a la figura televisiva y cinematografica de un ángel y un demonio ubicados en su tamaño miniatura a lados distintos de la cabeza del personaje principal. Ambos entecitos con la cara del personaje, pero disfrazados en túnicas características de su rol intentan persuadirlo de obrar según el lado que les corresponde, o sea, para bien o para mal. El dualismo va más allá al indicar que el bien es es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la Materia, o con el demonio. En este sentido, la materia es mala, y principio del mal; de manera que de lo que ella provenga supone un ejercicio distinto del Dios bueno, y más bien influenciado por el diablo, principio del mal.
Contrario a lo que se podría pensar, el catolicismo se opone a esta doctrina del dualismo, pues establece que Dios es bueno y omnipotente, creador de todas las cosas, por lo tanto, todo lo que de él provenga es efectivamente bueno. Pero en algún lugar nos tiene que caber el mal y la fe católica lo ubica como el ejercicio equivocado del libre albedrío. Vale la pena recordar que el libre albedrío es la facultad que Dios otorga, basado en su imagen y semejanza, para que el hombre sea libre de escoger su destino. En otras palabras: Si decides hacer el mal es cosa tuya.
Sin embargo, la fe cristiana en particular sí nos ofrece la imagen televisiva y cinematográfica del angelito y el demonio enfrentándose para obrar bien o mal, lo que finalmente me lleva al tema principal de este post: Las dos partes en disputa, angeles y demonios, buenos y malos, ricos y pobres, azules y rojos, Barça y Real Madrid, River y Boca, Deportivo Cali y América. Dos lados que según la percepción de sus representantes/hinchas jugarán un rol a favor de su bando y que de acuerdo a ello harán hasta lo imposible por lograr sus fines.
El tema de los clásicos ha sido parte de la historia futbolística casí desde su nacimiento. Las identidades que la geografía o la cultura suelen ofrecer, poco a poco se van materializando en un conjunto que lleve los colores representativos del equipo local, casí siempre distintos a los colores del equipo contrario. Estas identidades se forjan en un perfecto discurso social donde los grupos se establecen de acuerdo a las características que comparten. El caso del Barcelona y el Real Madrid ofrece un buen ejemplo de las identidades que enfrenta, dos ciudades distintas, una bohemia, otra moderna, un equipo de origen humilde, otro que es ostentoso, uno azulgrana otro simplemente blanco. Y las contrariedades se podrían extender mucho más pero es su enfrentamiento lo que ha llevado a que cada partido este adornado por visos de una batalla entre el bien y el mal. El caso de este clásico ha tomado tintes particulares: es el partido transmitido por la televisión más visto en el mundo, muchas veces compitiendo con la misma final de un mundial; la ejecución del mismo incluye elementos de protocolo diplomático señalando la necesidad de que ambos presidentes se reunan previo al partido, quien sabe para qué.
Ahora en el estadio de San Fernando en Cali, se da un enfrentamiento a escala con características similares. En este caso las características de la batalla entre el bien y el mal tienen un par de elementos simbólicos que remiten casi directamente a la fe. Un diablo rojo armado de trincho se enfrenta a un verde remitente a la caña de azucar de la región, que desde una interpretación panteísta significaría la manifestación del bien. Pero las diferencias van más allá, el América de Cali, nació como el equipo popular de la ciudad, un equipo humilde que nunca ganaba pero al que todos querían. La mechita era la participación de la clase popular caleña en el torneo nacional y se enfrentaba con orgullo a cuanto rival tuviera. La ausencia de palmares en sus primeros años le fue atribuida a diversos factores, hasta el punto de invocar una maldición, la maldición del garabato. Esta maldición señalaba que al momento de hacerse profesional el América no sería jamás campeón. La maldición fue proferida por Benjamín Urrea Monsalve, odontologo de profesión quien se oponía a que el equipo se hiciera profesional. La maldición prosperó por varios años, hasta que por medio de un exorcismo en plena cancha del Pascual, el cual incluía, la enterrada de un sapo, rezos, inversión de dinero del narco e incienso (las típicas cosas que se ven en este tipo de rituales).
El caso es que en el año de 1979 la mechita alcanzó su primer título y de ahí en adelante fue una carrera máratonica por comprar... mejor dígamos ganar, campeonatos hasta alcanzar 13 estrellas. Pero la presencia del mal siempre rondó al equipo escarlata y sus títulos fueron puestos en entredicho por la participación del Narco en las finanzas del equipo. El símbolismo es impresionante dentro de la historia de este equipo.
Finalmente, en su dantesco peregrinar el América de Cali ha llegado al descenso y casi que pasando por las 7 espirales cíclicas vive ahora su infierno de irse a la B con 13 estrellas encima. Rasgaduras de vestiduras, lamentos biblicos, infartos, peleas, caos, todo envuelto en un rojo desteñido, ha sido la imagen del barrio de San Fernando tras la caída del América.
Yo, en medio de esta experiencia apocalíptica me confieso amante del Deportivo Cali hasta los huesos. El equipo azucarero ha sido una de las identidades más claras que he tenido en la vida, una valiosa herencia en vida de mi papá y una clara enseñanza de la bipolaridad de la vida. En medio de la batalla entre el bien y el mal yo he elegido el verde como mi color y desde muy pequeños defendí, a puños si era necesario, al glorioso Deportivo Cali. Hoy veo con satisfacción la llegada al infierno al equipo que allí pertence. Aunque la batalla ha perdido su equilibrio, y el clásico de San Fernando se tendrá que jugar con el Pasto, el América si debe vivir un proceso de expiación de todos sus pecados, allá en la B. Cuando vuelva del descenso y gane todas las estrellas que quiera, ahí si hablaremos de un equipo grande, como el Deportivo Cali.
En caso concreto el enfrentamiento entre el bien y el mal que lo define todo. Pero este enfrentamiento trasciende a la figura televisiva y cinematografica de un ángel y un demonio ubicados en su tamaño miniatura a lados distintos de la cabeza del personaje principal. Ambos entecitos con la cara del personaje, pero disfrazados en túnicas características de su rol intentan persuadirlo de obrar según el lado que les corresponde, o sea, para bien o para mal. El dualismo va más allá al indicar que el bien es es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la Materia, o con el demonio. En este sentido, la materia es mala, y principio del mal; de manera que de lo que ella provenga supone un ejercicio distinto del Dios bueno, y más bien influenciado por el diablo, principio del mal.
Contrario a lo que se podría pensar, el catolicismo se opone a esta doctrina del dualismo, pues establece que Dios es bueno y omnipotente, creador de todas las cosas, por lo tanto, todo lo que de él provenga es efectivamente bueno. Pero en algún lugar nos tiene que caber el mal y la fe católica lo ubica como el ejercicio equivocado del libre albedrío. Vale la pena recordar que el libre albedrío es la facultad que Dios otorga, basado en su imagen y semejanza, para que el hombre sea libre de escoger su destino. En otras palabras: Si decides hacer el mal es cosa tuya.
Sin embargo, la fe cristiana en particular sí nos ofrece la imagen televisiva y cinematográfica del angelito y el demonio enfrentándose para obrar bien o mal, lo que finalmente me lleva al tema principal de este post: Las dos partes en disputa, angeles y demonios, buenos y malos, ricos y pobres, azules y rojos, Barça y Real Madrid, River y Boca, Deportivo Cali y América. Dos lados que según la percepción de sus representantes/hinchas jugarán un rol a favor de su bando y que de acuerdo a ello harán hasta lo imposible por lograr sus fines.
El tema de los clásicos ha sido parte de la historia futbolística casí desde su nacimiento. Las identidades que la geografía o la cultura suelen ofrecer, poco a poco se van materializando en un conjunto que lleve los colores representativos del equipo local, casí siempre distintos a los colores del equipo contrario. Estas identidades se forjan en un perfecto discurso social donde los grupos se establecen de acuerdo a las características que comparten. El caso del Barcelona y el Real Madrid ofrece un buen ejemplo de las identidades que enfrenta, dos ciudades distintas, una bohemia, otra moderna, un equipo de origen humilde, otro que es ostentoso, uno azulgrana otro simplemente blanco. Y las contrariedades se podrían extender mucho más pero es su enfrentamiento lo que ha llevado a que cada partido este adornado por visos de una batalla entre el bien y el mal. El caso de este clásico ha tomado tintes particulares: es el partido transmitido por la televisión más visto en el mundo, muchas veces compitiendo con la misma final de un mundial; la ejecución del mismo incluye elementos de protocolo diplomático señalando la necesidad de que ambos presidentes se reunan previo al partido, quien sabe para qué.
Ahora en el estadio de San Fernando en Cali, se da un enfrentamiento a escala con características similares. En este caso las características de la batalla entre el bien y el mal tienen un par de elementos simbólicos que remiten casi directamente a la fe. Un diablo rojo armado de trincho se enfrenta a un verde remitente a la caña de azucar de la región, que desde una interpretación panteísta significaría la manifestación del bien. Pero las diferencias van más allá, el América de Cali, nació como el equipo popular de la ciudad, un equipo humilde que nunca ganaba pero al que todos querían. La mechita era la participación de la clase popular caleña en el torneo nacional y se enfrentaba con orgullo a cuanto rival tuviera. La ausencia de palmares en sus primeros años le fue atribuida a diversos factores, hasta el punto de invocar una maldición, la maldición del garabato. Esta maldición señalaba que al momento de hacerse profesional el América no sería jamás campeón. La maldición fue proferida por Benjamín Urrea Monsalve, odontologo de profesión quien se oponía a que el equipo se hiciera profesional. La maldición prosperó por varios años, hasta que por medio de un exorcismo en plena cancha del Pascual, el cual incluía, la enterrada de un sapo, rezos, inversión de dinero del narco e incienso (las típicas cosas que se ven en este tipo de rituales).
El caso es que en el año de 1979 la mechita alcanzó su primer título y de ahí en adelante fue una carrera máratonica por comprar... mejor dígamos ganar, campeonatos hasta alcanzar 13 estrellas. Pero la presencia del mal siempre rondó al equipo escarlata y sus títulos fueron puestos en entredicho por la participación del Narco en las finanzas del equipo. El símbolismo es impresionante dentro de la historia de este equipo.
Finalmente, en su dantesco peregrinar el América de Cali ha llegado al descenso y casi que pasando por las 7 espirales cíclicas vive ahora su infierno de irse a la B con 13 estrellas encima. Rasgaduras de vestiduras, lamentos biblicos, infartos, peleas, caos, todo envuelto en un rojo desteñido, ha sido la imagen del barrio de San Fernando tras la caída del América.
Yo, en medio de esta experiencia apocalíptica me confieso amante del Deportivo Cali hasta los huesos. El equipo azucarero ha sido una de las identidades más claras que he tenido en la vida, una valiosa herencia en vida de mi papá y una clara enseñanza de la bipolaridad de la vida. En medio de la batalla entre el bien y el mal yo he elegido el verde como mi color y desde muy pequeños defendí, a puños si era necesario, al glorioso Deportivo Cali. Hoy veo con satisfacción la llegada al infierno al equipo que allí pertence. Aunque la batalla ha perdido su equilibrio, y el clásico de San Fernando se tendrá que jugar con el Pasto, el América si debe vivir un proceso de expiación de todos sus pecados, allá en la B. Cuando vuelva del descenso y gane todas las estrellas que quiera, ahí si hablaremos de un equipo grande, como el Deportivo Cali.
